martes, 19 de diciembre de 2017

¿Quieres escribir o ser escritor?


  Escribir no quiere decir ser escritor

Una ventana abierta sobre el desierto de la escritura
 

 

      ¿ Por qué escribes

Cualquier escritor, cuando se nos pregunta por las razones que nos impulsan a escribir, nos sentimos inclinados a ofrecer las razones más peregrinas, más llamativas y estrambóticas que podamos imaginar. Ahí tenemos la respuesta de Hemingway cuando le preguntaron cuál era el primer consejo que daría a un aprendiz de escritor :" Digamos que debería ahorcarse, porque descubre que escribir bien es intolerablemente difícil". O la confesión de Flaubert, que hablando del oficio de escritor dijo que amaba su trabajo "con un amor frenético y perverso, como ama el asceta el cilicio que le araña el vientre". O la respuesta de Fernando Pessoa:" Para mí, escribir es despreciarme; es como la droga que me repugna y tomo, el vicio que desprecio y en el que vivo".


Da la impresión de que todos ellos se sintieron condenados, como Sífido, a desempeñar una tarea que nunca dará fruto, al menos, ninguno que merezca la pena, y a la vez, parte de un colectivo de marginados selectos, de un misterioso olimpo.

Por mi parte, se me ocurre decir que escribo por necesidad. Y tú, ¿sabes por qué escribes?


¿El escritor nace o se hace?

El eterno dilema, casi hamletiano, de si el escritor nace o se hace da para mucho y siempre habrá diferencias de opinión.
Parece asumido que el artista recibe unas órdenes misteriosas conocidas como "inspiración", y lo único que tiene que hacer es que ese impulso soberano le lleve donde quiera. Esto puede ocurrirnos, sin duda, a todos los creadores en los comienzos. Pero, durante ese tiempo en el que cultivamos el don, podemos no hacer buen uso de ese don si no asumimos la necesidad de atenernos a ciertas normas necesarias para el buen hacer de la escritura. El rigor, el trabajo, la autocrítica, hacen de un naciente escritor, un posible escritor. Leer, mirar alrededor y escuchar. Limar, no pulir. No escribir sobre lo que hemos visto, sino cómo lo hemos visto, puede hacer a un escritor.

En múltiples ocasiones no somo conscientes de que nuestra dificultad en alzarnos al estatuto de escritores se deba a esta particular falta de proporción entre la capacidad de ver y la de expresar .


Hoy, después de mucho luchar con la escritura y de muchísimo luchar conmigo misma, estoy convencida de que se nace con una disposición para la escritura, pero de nada sirve si no se aprende a escribir. La ruta es larga, cierto, pero ahí está. ¿Cómo lo ves tú? 



¿Quieres escribir, o ser escritor? 

Otro debate tan diíicil de aclarar como el anterior bien pudiera ser "¿quieres escribir o ser escritor?. Como suele ocurrir con toda actividad artística, la práctica literaria va acompañada de un aura atractiva y glamurosa sobre la cual se han vertido infinidad de opiniones. Yo me haría algunas preguntas antes de responder a la cuestión. ¿Escribo por dinero? ¿Deseo ser escritora para alcanzar la fama? ¿Escribo para un público determinado? ¿Escribo lo que realmente deseo escribir, o me atengo a un fenómeno de moda? Estas y tantas otras preguntas que me hago sin respuesta. ¿Te las haces tú alguna vez? Si has encontrado respuestas te agradecería me las comunicases.

Antón Chéjov afirmaba sentirse triste y desanimado cuando se preguntaba para qué y para quién escribía, sin estar seguro de ser escritor.:¿Qué escribo y para quién? se preguntaba. ¿Para el público? pero si no lo veo y creo menos en él que en los duendes. También Edith Wharton afirmaba que ningún escritor puede dar lo mejor de sí mismo mientras no cese de pensar en sí mismo, en sus lectores o en el editor y comience a escribir no para él, sino para ese otro yo con el que el artista creativo está siempre en misteriosa correspondencia.
  Llego a la conclusión de que la escritura es un arte al igual que otras artes como la música o la pintura. Que precisa de unas disposiciones naturales, pero sobre todo, de mucho trabajo, de mucha observación, de muchas vivencias para alcanzar su máxima expresión.

Podría apoyar mi afirmación en la experiencia como escritora, pero sonaría a fatuo, a pedante, a falto de humildad. De ahí que me refiera al pensamiento de la filosofía empírica de Hume ( Filósofo inglés del siglo XVIII) que coloca la experiencia y las sensaciones en el corazón del saber. Y afirma con contundencia que el concepto del arte de la escritura no encuentra una definición en principios teóricos definidos a priori, si no, más bien, en la interacción libre de las sensaciones personales.



Dejémonos pues llevar por nuestras sensaciones, por nuestra propia experiencia, por la aprendida en la lectura, sin detenernos en el camino hasta encontrar el lugar idóneo donde sembrar las flores de nuestra imaginación.

¿Has encontrado alguna respuesta a tus preguntas?

Espero tus comentarios .

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