lunes, 20 de noviembre de 2017

Escribir y editar. Entrevista a la editora Martina Tuts

¿ La edición es un negocio o un sueño?

Entrevista a la editora Martina Tuts

 

 

Martina Tuts es redactora, correctora y editora. Tiene varias publicaciones como coordinadora y autora de materiales de editoriales españolas como los libros de la Catarat, SGEL, así como extranjeros (Studia Diplomática).
Es coordinadora de la editorial Con Ética.

  Se declara amante del realismo mágico. Es para mí un honor charlar  con ella sobre este género literario que tanto aprecio, así como del difícil mundo editorial.
 


 Te defines como editora, aún habiéndote tomado un tiempo. ¿Qué tiene ese oficio que engancha tanto?


   Te contestaría que las escritoras, si no fuera porque suena a alabanzas. Sin embargo, te diré que trabajar en la edición tiene más de vocación que de rentabilidad. Las personas suelen considerarnos como una suerte de buitres maltratadores que explotamos a quienes crean, sólo preocupados por la venta, como si de latas de conservas se tratara. Permíteme puntualizar algunas cosas. Mi experiencia es la de una editorial pequeña, cuidada y feminista. Mantener la calidad de las publicaciones y un criterio ético, es vivir  dentro de un mundo de realismo mágico que poco tiene que envidiar a la increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, te lo aseguro. 

 ¿Son tantos los obstáculos con los que te encuentras?

 
   Mira, una editorial es una carrera de fondo y, si me permites la broma, de fondos: quienes se dedican a escribir, pocas veces son conscientes de lo que supone poner un libro en circulación. Las grandes multinacionales son quienes tienen esa capacidad de “inundar” el mercado de miles de ejemplares. ¿Sabes, por ejemplo, que llegar a las secciones de libros de los hipermercados es prácticamente imposible para una editorial pequeña? ¿Sabías que de los más de 80.000 libros editados en 2016, sólo el 7% lo son de literatura o estudios literarios? Y de este 7%, sólo se vende el 20%. El 80% restante “se pierde”… o no se vende. A esas multinacionales que publican de todo (bueno o malo), no las afecta demasiado: estar en todos los puntos de venta contribuye a su reputación pero, a las pequeñas, nos ahoga.


Hablas de la edición en papel, pero, ¿qué hay de lo digital? Creo recordar que te dedicaste a ello, también


    Así es. No te quiero aburrir con cifras, pero si te cuento que el IVA de un libro de papel es del 4% y el de un libro digital del 21%, te podrás hacer una idea de cómo está el sector… Y el público desconoce que el trabajo es idéntico al de un libro en papel (diseño de las portadas, corrección de estilo, maquetación y promoción, ¿cómo no?) pero el “ahorro” en papel supone que el libro digital se venda mucho más barato… Lo que te digo, ser editora tiene mucho de vocacional… Y si te dedicas a mimar la edición sea esta de papel o digital, a cuidar a tus autores y autoras, a marcar cierta línea de pensamiento, ni te cuento. Pero son opciones, claro.


Hablo de ti, como editora, en pasado. ¿Has renunciado a ello definitivamente?


    ¡Para nada! Espero volver a ello en algún momento, quizás desde una actitud menos romántica y más realista. Montar una editorial es como abrir un restaurante: parte de una visión idealizada de la profesión y crees que con pasión y trabajo está todo conseguido, ¡pero no! Pero en mi caso como en el caso de muchas colegas, no se puede ‘vivir’ de la edición: quienes nos dedicamos a promocionar escritoras noveles o menos conocidas en Europa, por ejemplo, pocas veces recuperamos la inversión realizada. Es, ni más ni menos, puro amor al arte.

Háblame un poco de ese "amor al arte". En tu caso, ¿por qué tipo de escritura te decantas?


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    Como sabes, me crié en francés. Así que mi despertar literario se hizo en esta lengua. Sin embargo, una vez leídos los grandes clásicos de la literatura francesa, me sumergí en los años ochenta en la lectura, en castellano, de escritores hispanoamericanos de lo que se conoce como el boom de la literatura hispanoamericana. Y de todos ellos, me fascinaron particularmente dos: Julio Cortázar y Gabriel García Márquez, los mayores representantes, según mi opinión, del realismo mágico, centrado en la estética del mito que permite explicar las cosas irreales como realistas y las cosas cotidianas como elementos irreales (aunque a menudo basados en experiencias reales, extrañas o fantásticas) y que combinan la verdad y  lo imaginario de manera tal que son, a veces, difíciles de distinguir. Aparte de la conocida Rayuela, de Cortázar me gustó muchísimo sus Historias de Cronopios y famas y de GGM,  me quedaría con los cuentos, todos y, cómo no, con sus Cien años de Soledad que, por cierto, no habría visto la luz de no haber apostado por el manuscrito esa fabulosa editora que fue Carmen Balcells, la gran descubridora de esos escritores hispanoamericanos. 

¿Existe en el panorama literario contemporaneo escritores y escritoras tan innovadores, en este sentido?


    Bueno, imagino que sí. Quizás no como corriente literaria, de manera tan evidente, pero creo muy interesante seguir a algunas escritoras y escritores de culturas y lenguas más alejadas a nosotras. Pienso, por ejemplo, en los afganos Atiq Rahimi y Khaled Hosseini o en Toni Morrisson, Ángela Carter, Natalia Ginsburg o Elena Garro. Y, en castellano, cómo no, en Isabel Allende, en la estela de García Márquez o en Margaret Atwood y Lois Lowry, en la frontera entre la ficción futurista y el realismo mágico extremo. También en Fatena Al-Gurra y Maram Al-Masri, intimistas, aunque reivindicativas. Y cómo no mencionar a las escritoras cubanas: Adelaida (Laidi) Fernández de Juan, Marilyn Bobbes o Nancy Morejón, entre otras. Sin olvidarte a ti, Maria Luisa Huertas.


Muchas mujeres en tu lista. ¿Crees que existe una literatura femenina?  ¿Escribimos de manera distinta ellos y nosotras?

    ¡Tu pregunta sobrepasa la extensión de esta entrevista!
De manera general, ten en cuenta que el 85% de los libros en las bibliotecas son de escritores. Existe, como en todas las áreas de la sociedad, una discriminación real hacia la literatura escrita por mujeres. Se suele decir que a las escritoras las leen las mujeres, pero no así la mayoría de los hombres. Creo importante, como editora,  visibilizar a esas mujeres. En cuanto a si existe una literatura femenina… creo que existe una literatura mal llamada ‘romántica’, escrita por hombres y mujeres, y destinada sobre todo a estas, cuyo objetivo es –fundamentalmente- reproducir los modelos estereotipados de las relaciones entre géneros. Existen varias tesis doctorales sobre ello: Corin Tellado (cuyo gran admirador era el General Franco) o Elena Francis (que era un varón), son muestras de ello.
Lo que sí creo es que existe una literatura feminista: esa que desmonta los modelos establecidos y limitadores y propone personajes femeninos empoderados. Y sus autores pueden ser indistintamente mujeres u hombres. El feminismo es una actitud ante la igualdad, no exclusiva de mujeres.
Sí es cierto que observo que muchas escritoras aún se definen a sí mismas como escritores, rehuyen del femenino en sus textos, construyen personajes masculinos dominantes y a veces demuestran cierta misoginia hacia los personajes de su sexo. Y creo que sería deseable, a la hora de la relectura de lo que una escribe, poner más cuidado en ello… es una opinión.
Mi percepción en cuanto al mundo de la edición es que una se coloca dónde cree que debe estar, como en la vida. Y la coherencia, la ética y los valores que se defienden deberían, también y contra vientos y mareas, verse reflejados en lo que se pretende transmitir a quienes nos lean. 
 
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